Carta a un Misionero por el Obispo +Goradz

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Carta a un Misionero por el Obispo +Gorazd

Ciertamente, Dios se mueve con los que se mueven, como también obra a través de los que obran, predica por medio de los que predican, peregrina junto a los que peregrinan; Dios es dinámico y acompaña a los suyos, incluso en la desesperanza de los desiertos, como lo hizo en el Sinaí en forma de nube – bajo el sol abrazador – y de columna de fuego – en la frialdad oscura de la noche -. Sin embargo, Dios no se paraliza con nuestra inmovilidad, no se ata a nuestras cadenas, ni se acobarda ante nuestras cobardías.
Siempre recuerda, “El discípulo no es más que su maestro, ni el siervo más que su Señor” por eso no conviene sujetarse a los éxitos pastorales, porque el Maestro tampoco se sujetó al reconocimiento de los hombres, que muchas veces lo aceptaron, pero que también otras muchas más lo rechazaron. Tampoco te ates a la condición religiosa de los que escuchen “la Palabra” porque no fue sino una samaritana la que primero corrió a anunciar al Señor – aún sin tener más que una intuición de quien era -, y por su intermedio fue una ciudad de samaritanos, y no de judíos, la que primero salió a su encuentro.
Dios es una belleza siempre antigua y siempre nueva, como bien dijo el bienaventurado Agustín en el siglo V, sé consciente – por ende – de que predicas a un “Alguien” profundamente conocido, pero también inefablemente (*) desconocido, porque Él es Dios, y por tanto es inabarcable. No intentes venderlo como producto, ni acomodarlo restándole Su Misterio (tentación a la que nos vemos sometidos todos), antes bien, preséntalo en la cercanía lejanísima de Su Gloria, pues no es malo que al contemplarlo experimenten el vértigo de lo inasible.
No intentes saciar el hambre de Dios entre aquellos a quienes predicas, porque conviene recordar que las bienaventuranzas se dirigen a los “hambrientos”; así que no deberemos caer en la tentación natural de saciar, sino más bien fomentar en los otros el “hambre de Dios”, pues dejarlos satisfechos no entraña ni una Gracia, ni un Don, puesto que supondría robarles una bienaventuranza y exponerlos a la malaventuranza que dice: “ay de ustedes los que ahora están saciados, porque tendrán hambre”. Paradójicamente el misionero debe fomentar el hambre, porque quién sacia es Cristo.
Recuerda que tu único objetivo, no debe ser presentar un Dios encadenado como una bestia de circo, sino un Dios libre que exige una respuesta libérrima de amor, por tanto, omite (en la medida de lo posible) toda amenaza de condenación entre los fieles para conducirlos al Reino, no porque no exista el riesgo de terminar errando en los abismos, sino porque el Reino precisamente es Cristo, y el Reino – al no ser un territorio – no se lo conquista como Josué a Tierra Santa por las armas , sino que se lo conquista por el amor – y amor de enamorado -, porque quien no se enamore, no entrará al Reino. Tú predica, por tanto más al Reino, que la Salvación.(**), porque en el caso de no lograr tu cometido, al menos habrás salvado almas.
Con Afecto en Cristo

✠ Gorazd
Obispo de Nikšić y América del Sur
Iglesia Ortodoxa de Montenegro

(*) . adjetivo [cosa] Que no puede ser dicha, explicada o descrita con palabras, generalmente por tener cualidades excelsas o por ser muy sutil o difuso.

(**) Es preciso tener en claro que la Salvación y el Reino, muchas veces no son sinónimos en el Evangelio, porque mientras “La Salvación” es un objetivo, el Reino es una “Persona”, por esa razón se puede alcanzar la Salvación apelando, incluso a cierto cálculo, como ser: no peco porque temo al infierno, y eso no estaría del todo mal, sin embargo el cristiano está invitado por Su Señor a entrar al Reino, y para ello es necesario el amor de enamorado – porque el Reino no es otra cosa que Cristo mismo – por tanto es una instancia infinitamente superadora a la Salvación; entonces, si predicas el Reino, y fallas, al menos habrás alcanzado la Salvación para los tuyos, pero si predicas la Salvación y fallas, la condenación estará a las puertas.
El pasaje evangélico en el que se puede ver esto con claridad, es el pasaje del Hombre Rico del Evangelio según San Lucas XVIII
18 Un hombre importante le preguntó: «Maestro bueno, ¿qué debo hacer para heredar la Vida eterna?».19 Jesús le dijo: ¿Por qué me llamas bueno? Sólo Dios es bueno. 20 Tú conoces los mandamientos: No cometerás adulterio, no matarás, no robarás, no darás falso testimonio, honra a tu padre y a tu madre». 21 El hombre le respondió: «Todo esto lo he cumplido desde mi juventud». 22 Al oírlo, Jesús le dijo: «Una cosa te falta todavía: vende todo lo que tienes y distribúyelo entre los pobres, y tendrás un tesoro en el cielo. Después ven y sígueme». 23 Al oír estas palabras, el hombre se entristeció, porque era muy rico. 24 Viéndolo así, Jesús dijo: «¡Qué difícil será para los ricos entrar en le Reino de Dios! 25 Sí, es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja, que un rico entre en el Reino de Dios». 26 Los que escuchaban dijeron: «Pero entonces, ¿quién podrá salvarse?». 27 Jesús respondió: «Lo que es imposible para los hombres, es posible para Dios».
El texto revela un exquisito malentendido entre los Discípulos y el Maestro, que curiosamente no se da entre el Maestro y el Hombre Rico. Nótese que el dialogo comienza hablando de cómo alcanzar la Salvación, Cristo le responde al Hombre rico enumerando preceptos de la Ley, el hombre le dice que ya los ha cumplido, y es aquí que la conversación da un vuelco inesperado para el Hombre piadoso, Cristo lo invita a tener una comunión personal con Él, y el hombre, que entiende la propuesta, se aleja entristecido, porque prefiere el cumplimiento de la Ley, que adentrarse en el Proyecto de Vida que supone el seguimiento en el amor a la Persona de Cristo, el hombre rico percibe claramente la abismal diferencia y se aleja para preservar su autonomía; sin embargo los discípulos que observan la escena no entienden la situación y siguen hablando en clave de salvación, al decir, “quien podrá salvarse?” a lo que Jesús continúa hablando en clave de Reino, es decir, señalando que esa intimidad profunda entre Dios y el hombre que era imposible para los hombres, es posible para Dios, porque claramente el calificativo de imposible no refiere ni a la salvación, ni al cumplimiento de la Ley, puesto que el hombre rico al cumplirla ya era salvo.

Esa articulo fue escrito a modo de carta para un joven evangélico que iba a misionar a México, ese joven es de zona sur en Buenos Aires Argentina, este joven se llama ” Juan Andres Villanueva” Joven misionero evangélico.

✠ Gorazd
Obispo de Nikšić y América del Sur
Iglesia Ortodoxa de Montenegro

 

 

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